¿Le dedicas tiempo a planificar tu vida? ¿ O no tienes tiempo?
Podrías ser como Antonio…
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Antonio tenía una vida bastante normal.
De lunes a viernes sonaba el despertador a las siete de la mañana. Se levantaba todavía con algo de sueño, preparaba café y desayunaba mirando el móvil mientras repasaba las noticias y algunos mensajes pendientes.
Después iba a trabajar. Las jornadas se le pasaban rápido. Reuniones, llamadas, correos electrónicos, algún problema que resolver y muchas pequeñas tareas que parecían urgentes.
Cuando llegaba a casa por la tarde, cenaba con su mujer, veía un rato la televisión y, si el día había sido especialmente duro, se sentaba en el sofá pensando que al día siguiente intentaría organizarse mejor.
No era infeliz. Tampoco se sentía especialmente realizado. Simplemente estaba ocupado.
Como la mayoría de la gente.
De vez en cuando aparecía en su cabeza alguna idea que llevaba años acompañándolo. Le gustaría aprender inglés para abrirse oportunidades. Le gustaría escribir un libro. Le gustaría viajar más.
Le gustaría ponerse en mejor forma física. Pero siempre ocurría lo mismo. La idea aparecía durante unos minutos y desaparecía enseguida, sustituida por alguna obligación más inmediata.
Un recibo. Una llamada. Una compra pendiente. Una reunión de la semana siguiente.
Y así fueron pasando los meses. Luego los años.
Una tarde de domingo, mientras ordenaba unos cajones de casa, encontró una libreta vieja. La abrió por curiosidad. En una de las primeras páginas había escrito una lista de objetivos.
La fecha era de hacía casi veinte años. Antonio sonrió al principio. Después siguió leyendo. Y poco a poco dejó de sonreír. Porque aquella lista no contenía sueños olvidados. Contenía sueños aplazados. Todos estaban allí. Aprender inglés. Escribir un libro. Viajar por Europa. Dar conferencias. Montar un proyecto propio.
Era exactamente la vida que había imaginado para sí mismo cuando era más joven.
Se quedó unos minutos en silencio mirando aquellas páginas.
Y entonces comprendió algo. Durante todos esos años había dedicado tiempo a muchas cosas importantes. Había trabajado duro. Había cumplido con sus responsabilidades. Había ayudado a su familia. Había resuelto problemas.
Pero nunca había reservado tiempo para diseñar su propio futuro.
Siempre había respondido lo mismo. «No tengo tiempo.»
Antonio cerró la libreta y miró el reloj de la cocina. Las agujas seguían avanzando igual que lo habían hecho durante los últimos veinte años.
Fue entonces cuando comprendió que el problema nunca había sido la falta de tiempo.
Había sido creer que su futuro podía esperar. Que dedicarle ese tiempo no era importante.
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Nunca menosprecies el tiempo que necesitas para escribir y planificar tu vida mi querido lector/a. Ya lo dijo Henry Ford. La clave del éxito radica en dos cosas sencillas: 1: Escribe lo que tienes que hacer. 2: Hazlo.
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