Esta historia me encontró hoy y me encantó:
«Gerardo era joven y tenía una pasión: la música.
Tocaba la guitarra en una banda junto a tres amigos. Ensayaban, tocaban, hacían planes. La música formaba parte de su vida y, seguramente, también de quién era él.
Hasta que ocurrió una tragedia. Sus tres compañeros murieron.
Y Gerardo dejó de tocar. Guardó la guitarra y cerró aquella parte de su vida.
¿Alguna vez te ha pasado algo que te haya alejado de algo que amabas?
No tiene que ser una tragedia. A veces es un fracaso. Una decepción. Una responsabilidad que llega. O simplemente la vida llevándote poco a poco por otro camino. Y un día descubres que hace años que no haces aquello que tanto te hacía sentir.
A Gerardo le pasaron casi 40 años.
Construyó su vida, trabajó, formó una familia, envejeció. La música quedó muy lejos. Hasta que, rondando los 70 años, su mujer le regaló una guitarra.
Gerardo no quiso cogerla. Habían pasado demasiados años.
Pero aquella guitarra estaba allí.
Y quizá hay pasiones que puedes abandonar durante mucho tiempo, pero que nunca terminan de abandonarte a ti.
Un día la cogió. Puso nuevamente los dedos sobre las cuerdas.Y la magia apareció.
No tenía las mismas manos. No tenía la misma edad. No tenía delante a aquellos tres amigos. Pero seguía siendo él.
Y volvió a tocar. Volvió a emocionarse.
Después llegaron las canciones, las composiciones, las grabaciones. Y a los 72 años, una de sus canciones alcanzó el número uno en un ranking de Estados Unidos».
Querido lector, querida lectora: No olvides nunca tu esencia.
Hasta el último de tus días, sigue siendo tú. Brilla. Imagina que eres un número uno, una número uno.